“A este caballo le noto el galápago un poco delgado, Yolanda”, comenta algo extrañado, mientras examina minuciosamente un corcel de madera, blanco con pintas negras, sillín color naranja, de manos y patas azules que produce un suave balanceo.
Un símbolo de los tradicionales Juguetes Damme que se alza como si fuera a galopar, en el techo de la entrada de su casa, que además sirve de taller y hoy único punto de venta, en el barrio la Floresta, del noroccidente de Bogotá.